GÉNERO

 


Desde hace ya tiempo, el o los temas de la sexualidad y el género se revisan, se estudian, se oyen, se mezclan, se comentan, se debaten, se opina... pero también se monopolizan, se banalizan, se enfrentan, se enconan, etc.

Lo que hoy vengo a comentar, desde la ignorancia, es lo que a mi forma de entender se está convirtiendo en una mentira que además está dando lugar a situaciones o conceptos absurdos como la infinitud de las identidades de género.

Lo primero a mencionar es que la introducción en el debate, o simplemente en la mente, del concepto identidad, es fundamentalmente un trabajo de programación neurolingüística con alto poder manipulador que busca la activación de las áreas de simpatía y compasión en el cerebro. La identidad está íntimamente ligada a la idea de individuo, de individual, y con ello de único, algo como "yo soy yo", algo que, sin duda, forma parte de nuestro autoconcepto y nuestras necesidades superiores como seres humanos, algo que está reconocido hasta tal punto, que se incluye como uno de los derechos humanos fundamentales. Quien más quien menos, no solo sabe que el derecho a la identidad personal es un derecho humano, sino que incluso sin saberlo, lo percibe como algo de suma importancia en algo así como "poder ser yo mismo". La trampa mental aquí es la identificación (pensar que es lo mismo) del derecho a la identidad personal con el derecho a la identidad de género. El género, puede formar parte fundamental de nuestra identidad o no, pero en ningún caso existe ni puede existir algo así como la identidad de género, ya que de lo contrario, debería poder existir una identidad de cuerpo, o de pie, o de cualquier cosa que pueda formar parte de nuestro autoconcepto, pero precisamente en esta última palabra está la clave, el género no existe como identidad, existe como concepto, y el concepto que tengamos de esto, formará parte de la identidad personal, pero aunque pueda parecer casi lo mismo, no lo es en absoluto, ya que un cambio de concepto no tiene porque marcar ningún cambio de identidad personal, sino tan solo un cambio en la forma en la que se expresa de hecho, otro gran potenciador de toda esta locura del género, es la necesidad de expresar sentimientos y situaciones diferentes a través de palabras iguales o preexistentes.

Otra trampa que nos tiende el discurso es el propio concepto de género. Desde la voluntad de separarlo de la mera biología, se ha definido que el sexo es una cosa, fundamentalmente ligado a la biología, y el género otra muy distinta de naturaleza más psico-social, de tal manera que se podría decir que el género se puede dividir al menos en 4 partes:

  • El genotipo, que debe entenderse no solo desde el acostumbrado sesgo cromosómico XX-XY, que ya de por sí resulta limitado, pues obvia los tipos XXY y XYY por ejemplo, sino que debe considerarse de forma más amplia hasta alcanzar a la genérica que condiciona la fisiología, abarcando otros aspectos biológicos relacionados con el sexo como por ejemplo la producción de hormonas.
  • El fenotipo, que igual que en el caso anterior quizá debería adaptarse a la variabilidad intersexual.
  • La conducta y roles asociados, que forman parte de la cultura y que afrontan el reto de la inmutabilidad que pretende cualquier definición, si es que se quiere incluir como diferencia de género y sexo.
  • La autopercepción, que forma parte del mundo de lo insondable y casi infinito, pero que siempre será función de todo lo anterior y las necesidades psicológicas de cada persona que pretendan resolverse a través del concepto de género. Cabe destacar de esta último aspecto, que inevitablemente, estará ligado a los sentimientos personales. Es posiblemente por esto que tan a menudo oímos la expresiones de "sentirse hombre" o "sentirse mujer" o "no sentirse ni uno ni otro", sin embargo, esto no es más que una nueva trampa asociativa entre conceptos abstractos y subjetivos y sentimientos complejos e igualmente subjetivos. Se dice sentirse hombre o mujer cuando un sentimiento personal, complejo y profundamente subjetivo, ya sea de tipo asociativo, simpático, de afinidad, o disociativo, de rechazo o incluso apático, se construye sobre un concepto de género, pero sin duda, expresarlo de esta manera es totalmente absurdo. Se trata de un fenómeno común por el que, ante nuestras limitaciones expresivas, utilizamos palabras que no son sentimientos para expresar como nos sentimos; valga como ejemplo cuando decimos, por ejemplo, sentirnos atacados; "atacado" no es ningún tipo de sentimiento, cuando alguien dice sentirse así, puede esconder tras la queja sentimientos muy variados, desde los de ira, rabia o impotencia, hasta los de tristeza, decepción o dolor, pasando por los de decepción o frustración, de tal manera que, cuando alguien dice sentirse así, no tenemos en realidad ni idea de como se siente, aunque frecuentemente caigamos en el error de la transferencia, identificando ese sentimiento con el que nosotros sentimos la última o más importante vez que nos atacaron. El caso es que es aquí donde nace parte del discurso emocional más manipulador, los mayores despropósitos ideológicos, y muy posiblemente, la mayor fuente de motivación afiliativa, que todo el que se ha sentido herido en su autoconcepto de género, abrazará con suma facilidad el concepto identitario y de derecho para defender "su causa".
Pues bien, como ya vengo describiendo, en mi opinión, todo esto es un error y puede que un horror:

El género, sea lo que sea, está basado en una condición biológica en su más amplio sentido, incluyendo la morfología, y, secundariamente, en las connotaciones sociales de roles y comportamientos asociadas, cualquier intento de salirse de éstos límites (que además no son rígidos y ya presentan gran amplitud y flexibilidad) es un error y un horror. introducir los conceptos identidad de género y los sentimientos como parte de la determinación de género, no son más que trampas neurolingüísticas para la introducción de un nicho ideológico de poder que capte seguidores resentidos con sus dificultades identitarias y de los asociados defensores de causas pobres, o progres, o ambas.

¿Quién ha decidido que es "sentirse mujer" o "sentirse hombre"? En mi caso, por ejemplo, siempre me he concebido como hombre por mi condición genética y por mi gusto por mi cuerpo y por las mujeres ¿Es esto ser un hombre? ¿Es esto sentirse hombre?, sin embargo, me he sentido mucho más afín a las mujeres que me rodeaban (amigas, colegas, etc.) que a los hombres, me ha sido más fácil hablar con ellas y muchas veces prefería jugar con ellas... ¿Me siento entonces mujer y "soy" entonces mujer pero me han obligado a creerme hombre y no plantearme mi sentimiento de afinidad?

Como aficionado a la inteligencia emocional, sé que los sentimientos son creaciones mentales basadas en emociones reactivas y que pueden llegar a ser muy complejas, así mismo, sé que la complejidad de los sentimientos y la poca educación que recibimos entorno a ellos, nos ha llevado, como ya decía antes, a utilizar un montón de palabras que NO son sentimientos para expresarlos y, de paso, protegernos un poquito de ellos (otro ejemplo a añadir al que puse antes sobre el sentimiento de atacado: Cualquiera diría que se ha sentido humillado alguna vez, pero "humillado" o la humillación, no es un sentimiento sino una acción, el sentimiento que puede aproximarse seguramente sería la vergüenza, avergonzado, y más esencialmente, miedo, tristeza y quizá enfado, posiblemente acompañado todo de cierta sensación de impotencia). El sentimiento de hombre o el de mujer NO EXISTE, así de grande lo pongo a pesar de que lo diga desde la ignorancia y de saber que hay niños muy pequeños que dicen sentirse de otro género al que pertenecen, o simplemente decir que no se sienten a gusto con su cuerpo, (como cualquiera con unos kilos de más, aunque a nadie le ha dado por decir que eso es porque aunque esté gordo, o "sea" gordo, él "es" una persona delgada y debe sentirse como delgada y si es necesario, que le operen para serlo)... y ¿por qué?... Pues porque todo lo más podría referirse a un sentimiento muy complejo, que has creado a base de ideas que hayan protegido partes de ti que no entiendes o no entendías, y que no es más que una afinidad a un estereotipo creado por las mismas personas que no admiten que alguien pueda sentirse mujer siendo hombre o viceversa.

¿Qué es sentirse hombre o mujer? ¿No estar a gusto con tu cuerpo? ¿Querer un pene o una vagina que no tienes?... ¿Quién ha decidido que una mujer no puede querer tener pene o viceversa?

En este país, España, hemos decidido que el género es tan identitario (lo cual me parece una barbaridad), que incluso lo ponemos en el Documento Nacional de IDENTIDAD. Y luego, hemos llegado al punto de decir que una persona puede elegir su género, "según se sienta", sin más y cambiarlo en el DNI con simplemente pedirlo y sin preguntas. Esto no pasaría de ser algo anecdótico y ciertamente ridículo si no tuviéramos también una legislación y una estructura social que diferencia según el género.

Llegado al punto en el que nadie me va a discutir como me siento cuando me siento mujer, es mi sentimiento de mujer y punto, yo, que me he sentido afín a las mujeres aunque me atraigan sexualmente y esté a gusto con mi cuerpo, creo que soy mujer y que en realidad me siento mujer, y por tanto, en cuanto me cambie en el DNI el género, exigiré que me dejen entrar a los vestuarios femeninos (nunca separamos los vestuarios por tendencia sexual sino por género), pediré mi subvención de madre trabajadora, denunciaré a cualquier hombre que me agreda bajo el agravante de género, amén de que no se me podrán aplicar las leyes de violencia de género, competiré en categorías femeninas en cualquier competición, espero por supuesto que con premio económico, y bueno, en fin, espero que a nadie se le ocurra discutir mi identidad.

Me pregunto, siendo la identidad como es, una creación compleja y dinámica de mi autoconcepto y autocompresión, una creación sinergia de todas mis condiciones, roles y sentimientos (soy mujer, soy madre, soy hijo, soy amigo, soy licenciado, soy español, soy complejo, soy listo, soy gracioso, etc, etc, etc.), ¿Cuándo me van a dejar ser menor de edad porque me siento un adolescente, un menor, incapaz de entenderme y entender la complejidad social, irresponsable por inconsciente de mis actos y sus repercusiones?... y de paso, por supuesto, me apliquen las leyes de menores, me subsidien y me metan en algún programa de educación y trabajo para jóvenes/menores.

Evidentemente, la identidad es un concepto extremadamente complejo que abarca toda nuestra naturaleza y experiencia pero a la que nos aproximamos desde una categorización de importancia de los distintos factores que la integran. Curiosamente, esta categorización viene impuesta mayoritariamente de forma cultural-social, a pesar de que el concepto de identidad sea profundamente individual, y así, habiendo nacido en el mismo sitio, educado en los mismos colegios y bebido de las mismas fuentes culturales, hay quien siente en sus entrañas su identidad andaluza, y hay quien no entiende qué es eso de ser andaluz, hay quien dice, como mi admirado Ortega y Gasset ("Yo soy yo y mi circunstancia"), que las circunstancia explican 2/3 de quien es una persona, y se puede saber 2/3 de él con saber de donde es, de donde viene y como se ha criado, y hay quien cree que esos factores son fuertes condicionante pero en ningún caso determinantes y por tanto no deberías considerarse de gran rango identitario.

En mi opinión, aunque sin duda en nuestra identidad está integrada nuestra historia, y nuestra historia lo está en nuestro entorno y condición, género, nacionalidad y tantos otros aspectos de ubicación y situación, deben ser degradados en su condición de factores identitarios y tomarse como factores de influencia. La identidad la creamos de forma externa e interna, el material nos lo dan, y la construcción, la forma, la elegimos con madurez, cuanto más inmadurez tenemos, mas se parece nuestra forma a la de los de alrededor, ya que o no hacemos más que copiar, o simplemente les dejamos que nos la hagan, sin madurez, todo lo que somos es influencia, la propia identidad no puede entenderse sin madurez y la madurez no puede entenderse si superar los factores sobrevenidos y dados.

Y así, terminado con esta pequeña deconstrucción de la ideología de género que hoy parece imponerse, me viene a la memoria una más de las muchas incongruencias de los grupos de poder que utilizan la ideología de género para mover votos y voluntades: La violencia de género. Pues resulta, que con una mano defiendo la multiplicidad de géneros, la necesidad de respeto a ellos, y por otro, legislo que hay dos géneros, uno masculino y uno femenino, en el que el malo es el masculino y la victima el femenino, cayendo en la discriminación por razón de sexo, o de género, que ya no lo tengo claro, y según avanzan en la incongruencia, van adaptando el discurso, y lo llaman violencia machista, pero la legislación sigue apuntando a los hombres, no a las personas machistas, y no son capaces de explicar como una ideología, la machita, es patrimonio exclusivo de los hombres, porque no lo es, ni como esa ideología se vincula directamente con la violencia, porque no lo hace. Y mientras tanto, todo se enturbia.

¿Cuál es el problema social de la violencia de género? ¿El género?.. NO!, Lo es la situación de poder; físico, económico, social... ¿De cultura patriarcal? PUEDE SER, aunque para muchas personas pueda ser mas bien prácticamente seguro, pero eso no es excusa para confundir el poder con el género ¿O es que el género masculino es mas poderoso en sí mismo que el femenino? ¿Acaso no hay situaciones de violencia de adolescentes a abuelos (o de casi cualquiera a persona mayores y/o ancianas)? ¿No merecen estos ser defendidos y protegidos con la misma vehemencia que una mujer maltratadas por un hombre? ¿Acaso no hay mujeres mas fuertes que algunos hombres, o con mejor situación económica, o humillando y ridiculizando a hombres? ¿Acaso una mujer más fuerte que otra y con independencia económica no puede ejercer el mismo poder maltratador que un hombre a su pareja femenina?... ¿Minoritario?... Puede, aunque no tanto como suena... ¿Y qué?

Este es mi vaticinio de cuñado ignorante:

Las sempiternas manifestaciones populistas que se reparten unos partidos y otros, que constituyen esencialmente la propaganda política que nos presentan todos los partidos; el crecimiento de los grupos de presión "ético-sentimentales"; y la absoluta y emocionalmente inmadura sociedad, incapaz de pensar con un mínimo de objetividad, no son más que el caldo de cultivo para una sociedad decadente que está ya dando espacios de radicalización y violencia creciente, y que, no tardando mucho, terminará en crecientes episodios de violencia individual y social que, por ello, constituirán una sociedad cada vez más incómoda e inhabitable, donde los discursos de odio y los radicalismos prosperen incansablemente hacia un nuevo episodio de autodestrucción y, esperemos, de renovación.

Lo bueno de todo es que, como yo todo lo digo desde la ignorancia, nada de esto tendrá sentido, todo será mentira, y nunca llegaremos a extremos peligrosos... y si alguna vez llegamos, seguro que será por otra cosa.

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